No sólo respirar es vivir…

Agosto 1, 2008

¿Qué pasa en verano?

Archivado en: Uncategorized — jreigosa @ 1:33 pm
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No sé lo que sucede en las grandes urbes y centros multitudinarios de veraneo (Costa Mediterránea, etc.) pero en La Mariña lucense, que es donde yo vivo todo el año y que es un lugar de lo más tranquilo y apacible se producen una serie de acciones extrañas cuando se acercan los meses estivales.

Los sucesos paranormales comienzan a observarse unos meses antes del comienzo de las vacaciones, allá por los meses de mayo/junio. Sorprendentemente los ayuntamientos de los pueblos costeros que van a recibir la visita de un buen puñado de visitantes en busca de tranquilidad se afanan por maquillar su aspecto. Pintan los pasos de cebra, las líneas amarillas en las aceras de “prohibido estacionar”, arreglan los desperfectos que pueda haber, cambian las farolas fundidas, pero ¿por qué? ¿Es que la gente que reside en estos lugares todo el año, y está pagando sus impuestos, no tiene derecho disfrutar de estas comodidades veraniegas durante el resto de meses? Parece ser que no, que aquí lo que importa es que el visitante se encuentre a gusto y hable de las maravillas del ayuntamiento en cuestión, de su estupendo y amable alcalde y de su falsa-buena gestión. Que siempre está bien la buena publicidad, pero no a costa de los lugareños.

¿Qué les ocurre a los propietarios de bares y cafeterías, que hasta a los más bordes se les dibuja una sonrisa en la cara al atender a los visitantes? ¿Prefieren tratar mejor a la gente que solo estará aquí unos pocos días que a clientes habituales? ¿Por qué hay más y mejores tapas para la gente foránea que para la de siempre? Yo solo pido el mismo trato, y por eso tienen un cliente menos…

¿Qué ocurre en las carreteras que las intermitentes de los coches dejan de funcionar, los “cedas” se convierten en “stop” o, lo que es peor, en “salida con prioridad”, y las rotondas es lo más raro que te puedes encontrar? ¿Es más difícil conducir por carretera nacional que por ciudad? ¿Por qué la gente sólo mira por su propio beneficio y no se pone en la piel del conductor que lleva detrás? A la gente que conocemos el lugar siempre nos quedarán las carreteras forestales para librarnos todas estas “cafradas” y de los atascos que se puedan producir, pero no por ello tenemos que sufrir los calvarios que produce la gente que se cree el amo del asfalto. Precaución amigo conductor, la senda es peligrosa…

En la playa, ¿qué clase de atracción tienen los veraneantes hacia dos palos de eucalipto separados por unos 9/10 metros? ¿No se dan cuenta que deben de ser para algo, una red de voley-playa por ejemplo? ¿Por qué nos tienen que cambiar nuestras costumbres? Si no les importa colocarse un poco más alejado de estos imanes, que son los postes, todos tan contentos y no se montaría los pollos que se montan por que un balón les roce un pie, que digo yo que no es para tanto. En beneficio de todos, en la playa relájese y olvídese de todos sus problemas…

Por estos y otros motivos es por lo que la gente autóctona de estas zonas de costa nos sentimos un poco invadidos en estos meses, y tenemos esos prejuicios sobre los veraneantes. No se preocupen, que seguro que hay gente maravillosa, aunque tiene que haber de todo… y sobre todo, no dejen de visitarnos.

Julio 17, 2008

El ciclismo

Archivado en: Uncategorized — jreigosa @ 8:51 pm
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Quiero empezar dando mi apoyo y mi más sincera admiración a esos ciclistas que están donde están sólo a base de trabajo y esfuerzo. No sólo a los profesionales, si no a todos los ciclistas en general, desde Alberto Contador hasta el último aficionado.

No soy un experto en ciclismo, ni mucho menos, ni siquiera lo practico por que ya desde pequeño el tridente bici, mis piernas y yo no se entendían demasiado bien y menos aún cuando la carretera dejaba de ser llana y había que subir piñones y bajar plato.

Quizá sea por eso que los ciclistas me despiertan una gran admiración por su capacidad de sufrimiento y superación. Me atrevo a decir, y creo que me equivoco poco, que el ciclismo es el deporte más duro después del triatlón y quizás la maratón. No hay más que ver las caras de los corredores encima de la bici, y esos hombres, esos sufridores, que en cada metro de carretera dejan una pedalada, una gota de sudor (y a veces sangre) y una mueca de sufrimiento no se merecen lo que algunas personas se empeñan en hacerle al ciclismo.

Destapados los últimos casos de doping en el Tour 2008 me pregunto si estos corredores están en sus cabales, ¿lo están? Cuando parecía que la sombra del dopaje en el ciclismo se iba borrando llega un puñado de estúpidos que no son lo suficientemente hombres para entrenar y entrenar y entrenar, que buscan el camino fácil para llegar al éxito sin pensar en las consecuencias y que siembran la duda de nuevo en el pelotón. Que estos personajillos queden de tramposos y obtengan el rechazo de todos… allá ellos, pero los corredores limpios no se merecen que se sospeche de ellos sólo por pertenecer a este gremio.

Pero ¿quién tiene la culpa? ¿el corredor? ¿el equipo? Todos tienen su parte de responsabilidad, yo no me creo que un equipo no esté al corriente de lo que hacen sus corredores, y aún me creo menos que un corredor no se de cuenta de que lo están dopando, por que clavarse una jeringa creo que se nota bastante, y no hay engaño que valga. Que un equipo obligue a un corredor a doparse… puede ser, entonces ambos son culpables.

Es que no me puedo explicar que ganan tanto unos como otros con esto del dopaje, y como hay directores y médicos que lo siguen permitiendo. Lo único que consiguen es dañar la imagen propia, la imagen del patrocinador y perder su trabajo ¿Les sale rentable? Yo creo que no. Es que hay que ser subnormal para arriesgarse de esa forma. Hoy en día si te dopas te van a descubrir, eso seguro (por suerte, y a costa de análisis inhumanos a gente que no tiene culpa). Mientras haya personas sin escrúpulos en el mundo del ciclismo, el doping seguirá en la carretera.

“Triki” Beltrán, a tus 37 años ¿qué necesidad tenías de doparte y despedirte de tu exitosa carrera, siempre al lado de los grandes, de esta forma?

Moisés Dueñas, a tus 27 años ¿qué necesidad tenías de doparte y acabar con tu carrera?

Ricardo Riccó, a tus 24 años ¿qué necesidad tenías de doparte y acabar con una prometedora carrera plagada de éxitos?

El siguiente (que lo habrá) ¿qué necesidad tenías de doparte?

Vosotros os lo habéis ganado, no me dais pena, sólo me dais vergüenza. Habéis manchado el deporte que os ha dado a conocer, habéis mordido la mano que os da de comer, no deberíais llamaros ciclistas profesionales.

Yo prefiero quedar último con la conciencia tranquila y la cabeza alta, que penúltimo y dopado, otros no…

ÁNIMO CICLISTAS!

Julio 15, 2008

Los centros comerciales

Archivado en: Uncategorized — jreigosa @ 9:40 am
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Un día cualquiera de cuya fecha no quiero acordarme, me dispongo a ir de compras a lo que en la televisión les gusta llamar “grandes superficies”, que digo yo que un solar para una urbanización en Marbella no es también una gran superficie… y digo Marbella por que así nos entendemos todos, pero podía decir cualquier otro punto costero por que en los tiempos de la especulación inmobiliaria no creo que queden muchos metros de costa que estén sin edificar, pero esto es otro tema que no viene al caso.

Decía que estas son las cosas que tiene la caja tonta (aunque sería conveniente dejar de llamarla así, por que si tuviésemos una caja de plasma o lcd no creo que nos cupiesen muchas cosas dentro…) que le llama a las cosas por su nombre y si les parece que no es suficientemente explícito se encargan de darles un nuevo bautismo, por ejemplo la Plaza de las Ventas de Madrid se llama “la madrileña Plaza de las Ventas” que de otra forma no es lo mismo, así como “las antiguas pesetas”, “la ilegalizada batasuna” y así algunas más.

Después de esta reflexión en el coche de camino a una “gran superficie” entramos al aparcamiento dispuestos a dejar nuestro vehículo lo más cerca posible de la entrada, sorteamos los carritos de la compra que invaden el carril para los coches, por que a la gente no le gusta repartir los carros en las distintas zonas dispuestas para ellos, no, lo que les gusta es ponerlos todos en fila a ver si baten el record guinnes de la fila de carritos de la compra más larga y así cortar el paso al mayor número de coches posible (a ver si de paso cae otro record), sorteamos a esa gente que viene de dejar el carrito donde más estorba y que no conforme con eso camina por el medio del carril, y después de un largo rato se giran y ponen cara de sorprendidos como diciendo “uy, cuidado cari que viene un coche detrás, vamos apartarnos, o no, que ya estamos llegando…” Cuando por fin llegas a donde te gustaría dejar el coche, te das cuenta que otros que han llegado antes que tú, tuvieron la misma idea y no queda un hueco libre, por lo que hay que sufrir otra vez lo mismo, pero ahora el coche va a quedar lejos de la entrada/salida, por lo que es muy conveniente acordarse del lugar de la plaza de aparcamiento, para luego no pasear más de la cuenta buscando el coche, o pensando que te lo han robado.

Una vez estacionado nuestro coche, y después de doblarle los espejos (por si acaso el de al lado no tiene cuidado con la puerta) nos disponemos a iniciar nuestro viaje a pie hasta la entrada de “la gran superficie” y como nosotros no vamos a ser menos, caminamos por el centro del carril de coches (que se vea que también sabemos tocar los cojones). De camino queremos coger un carrito, pero de donde hay una fila pequeñita, así después contribuiremos a conseguir el record de la fila de carritos, y como es menester hay que meterle una moneda de 50 céntimos o 1 euro. Cual es nuestra sorpresa que cuando abrimos la cartera no hay las dichosas monedas, puedes tener todo tipo de monedas: 2 euros, 20 céntimos, 1 céntimo, o quizá alguna “antigua peseta” pero nunca vas a encontrar lo que necesitas y aún queda el peor de los casos: como poco tienes un billete de 50, por lo que tienes que entrar al centro comercial, entrar una de las tiendas que hay “por fuera” (normalmente de golosinas y palomitas) y decir “me puedes dar cambio para el carrito” volver a buscar un carro y entrar de nuevo, con los primeros síntomas de mala leche aflorando en el rostro.

Por fin conseguimos entrar en el centro comercial y con la ventaja de que ya disponemos de cambio por si el vigilante de seguridad nos impide entrar con algún objeto sospechoso y lo tenemos que dejar en las taquillas dispuestas para tal efecto.

El período de compras normalmente es rutinario, llevas la lista y vas cogiendo lo que necesitas y algo más, amén de ir sorteando todo tipo de obstáculos móviles (personas, personas con carritos, niños, niños rebeldes, reponedores, reponedores con las carretillas parta transportar las cajas y palés de productos, etc)

Con el carrito lleno, y después de echar un vistazo a las herramientas (bricolaje, jardín, etc), a los productos para el coche y las últimas novedades en tecnología te diriges a la caja para pagar los productos que te vas a llevar. Y no suficiente con dejarte el dinero, tienes que hacer cola para pagar!! aún si fuera esperar cola para cobrar (como los jubilados en los bancos) lo entiendo pero hacer cola para que te quiten el dinero me parece cuanto menos extraño, pero esto es así, nosotros no podemos las reglas…

En la cola te puedes encontrar con dos tipos de personas, las que tienes delante y que no ponen nada en la cinta transportadora hasta que quede totalmente vacía (no vaya a ser, que el cliente que tiene delante se lleve algo que no le corresponde) y los que tienes detrás que se desviven en poner las cosas en la cinta, a costa de que te amontone tus cosas para poner las suyas y se mezcle todo, en este caso se recomienda hacer uso del cartelito “siguiente cliente” y establecer un muro de Berlín entre tu compra y la del cliente al que le gusta tener sus cosas en la cinta cuanto antes.

Además en tu cola siempre va a suceder algún “previsto”, sí, previsto por que con el porcentaje de veces que ocurre un imprevisto en mi cola ya empieza uno sospechar de que estos sucesos no son casuales, en plan “fulanito está en la cola, poner en marcha el plan previsto para joderlo hoy”. Dentro de estos previstos están los clásicos: se estropea el lector, que se acaba el rollo de papel para el ticket, hay problemas con el pago con tarjeta del cliente anterior, cambio de turno de cajera, etc.

Cuando por fin llega tu turno, se recomienda tener unos reflejos dignos de un jugador de ping-pong y tener una velocidad de brazos como songoku repartiendo ostias, por que la cajera es más rápida pasando los códigos de barras que tú metiendo los productos en bolsas, y además no tienen ningún cuidado y tira todo por esa rampa que ya tiene unos rodillos para que las cosas vayan aún más rápido y se amontonen los víveres haciendo el mayor daño colateral posible, ya sea fruta como objetos frágiles. Arréglatelas como puedas para guardar todo en las bolsas y no tardes mucho por que ya sientes el aliento del cliente que ya tiene todas las cosas en la cinta, en la nuca.

Una vez con la compra en las bolsas toca volver a meterlas en el carrito, que pensándolo bien ¿Cuántas veces tenemos que manipular la compra? Como diría Chikilicuatre Uno: cogerla los productos de la estantería la carrito, dos: sacar las cosas del carrito a la cinta transportadora, tres: de la montaña de cosas con los que la cajera no tiene ningún tipo de cuidado de nuevo al carrito, cuatro: del carrito a la maleta del coche, son demasiadas ¿no?

Por fin llega el momento de pagar que es la acción con menos dificultad de todas, por que para pagar nunca hay problemas; lo peor que te puede pasar es que como casi siempre el importe total supere por unos céntimos un precio redondo y tengas de deshacer un billete de 50 o más, pero hoy no tengo este problema por que ese billete ya lo tuve que cambiar para meterle los 50 céntimos al puto carrito.

Ahora toca dirigirse al coche con el carrito a tope, con las bolsas de publicidad de la “gran superficie” que corresponda. Si ya tiene usted experiencia en esto de no encontrar su coche seguro que llega fácil al destino, pero si es usted novato hoy ya no tiene que ir al gimnasio por que va hacer mucho ejercicio paseando por todo el aparcamiento, eso sí acuérdese de cuanto más por el medio del carril camine mucho mejor. Y una vez encontrado su vehículo y llenada la maleta del cual con toda la compra, no se olvide de buscar la fila de carritos más larga para dejar el suyo y recuperar la moneda que para sucesivas ocasiones recomiendo guardarla en el coche y no gastar bajo ningún concepto, me lo agradecerá.

Después de toda esta aventura llego a casa y me dispongo a colocar cada cosa en su sitio, cuando ¡oh cielos! me doy cuenta de que se me ha olvidado el pan para la cena. Hoy no es mi día, ceno fuera… y a partir de hoy la compra la hago en las típicas tiendas de ultramarinos, que ahí también encuentras de todo.

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