No sé lo que sucede en las grandes urbes y centros multitudinarios de veraneo (Costa Mediterránea, etc.) pero en La Mariña lucense, que es donde yo vivo todo el año y que es un lugar de lo más tranquilo y apacible se producen una serie de acciones extrañas cuando se acercan los meses estivales.
Los sucesos paranormales comienzan a observarse unos meses antes del comienzo de las vacaciones, allá por los meses de mayo/junio. Sorprendentemente los ayuntamientos de los pueblos costeros que van a recibir la visita de un buen puñado de visitantes en busca de tranquilidad se afanan por maquillar su aspecto. Pintan los pasos de cebra, las líneas amarillas en las aceras de “prohibido estacionar”, arreglan los desperfectos que pueda haber, cambian las farolas fundidas, pero ¿por qué? ¿Es que la gente que reside en estos lugares todo el año, y está pagando sus impuestos, no tiene derecho disfrutar de estas comodidades veraniegas durante el resto de meses? Parece ser que no, que aquí lo que importa es que el visitante se encuentre a gusto y hable de las maravillas del ayuntamiento en cuestión, de su estupendo y amable alcalde y de su falsa-buena gestión. Que siempre está bien la buena publicidad, pero no a costa de los lugareños.
¿Qué les ocurre a los propietarios de bares y cafeterías, que hasta a los más bordes se les dibuja una sonrisa en la cara al atender a los visitantes? ¿Prefieren tratar mejor a la gente que solo estará aquí unos pocos días que a clientes habituales? ¿Por qué hay más y mejores tapas para la gente foránea que para la de siempre? Yo solo pido el mismo trato, y por eso tienen un cliente menos…
¿Qué ocurre en las carreteras que las intermitentes de los coches dejan de funcionar, los “cedas” se convierten en “stop” o, lo que es peor, en “salida con prioridad”, y las rotondas es lo más raro que te puedes encontrar? ¿Es más difícil conducir por carretera nacional que por ciudad? ¿Por qué la gente sólo mira por su propio beneficio y no se pone en la piel del conductor que lleva detrás? A la gente que conocemos el lugar siempre nos quedarán las carreteras forestales para librarnos todas estas “cafradas” y de los atascos que se puedan producir, pero no por ello tenemos que sufrir los calvarios que produce la gente que se cree el amo del asfalto. Precaución amigo conductor, la senda es peligrosa…
En la playa, ¿qué clase de atracción tienen los veraneantes hacia dos palos de eucalipto separados por unos 9/10 metros? ¿No se dan cuenta que deben de ser para algo, una red de voley-playa por ejemplo? ¿Por qué nos tienen que cambiar nuestras costumbres? Si no les importa colocarse un poco más alejado de estos imanes, que son los postes, todos tan contentos y no se montaría los pollos que se montan por que un balón les roce un pie, que digo yo que no es para tanto. En beneficio de todos, en la playa relájese y olvídese de todos sus problemas…
Por estos y otros motivos es por lo que la gente autóctona de estas zonas de costa nos sentimos un poco invadidos en estos meses, y tenemos esos prejuicios sobre los veraneantes. No se preocupen, que seguro que hay gente maravillosa, aunque tiene que haber de todo… y sobre todo, no dejen de visitarnos.